Posteado por: Chris | 7 mayo, 2010

Armas nucleares en la guerra de las Malvinas: separando la realidad de la ficción

A 28 años del luctuoso conflicto que enfrentó al Reino Unido de Gran Bretaña con la República Argentina en 1982 por la soberanía del archipiélago de las llamadas islas Malvinas o Falklands en el Atlántico Sur y a pesar de la amplia documentación oficial disponible del bando británico,  además de la generosa y profusa cantidad de volúmenes publicados en torno al tema por autores confiables independientes en estas casi tres décadas luego de acaecidos los sucesos, todavía se insiste en perpetuar una retahíla de mitos y leyendas que se resisten a morir a pesar de la contundente información en contra que los refuta. Tal es el caso, por ejemplo, de la supuesta pérdida de armas nucleares llevadas a bordo de los buques británicos hundidos en acciones de combate durante el conflicto. Ello no deja de ser preocupante, puesto que de ser ciertas estas acusaciones (las cuales, por su dimensión, son bastante serias y no deberían emitirse a la ligera), bien podrían tener repercusiones sumamente graves, toda vez que la eventual presencia de restos radiológicos o material fisionable  en el fondo del Atlántico Sur presentaría una seria amenaza latente para la ecología no solo local, sino seguramente global, de comprometerse – por acción directa o indirecta del fuego enemigo en su momento o la de los elementos, casi 30 años después – la integridad de las cabezas de guerra nucleares de estas armas. Por tanto, se hace preciso aclarar ciertos conceptos a fin de disipar temores infundados producto de campañas de desinformación que en nada contribuyen al entendimiento de los hechos históricos como tales.

El historiador británico Sir Lawrence Freedman – entre cuyas credenciales se cuentan haber sido profesor de Estudios de Guerra en el King’s College London y consejero en materia de relaciones exteriores para el gobierno del ex-Primer Ministro Tony Blair –  señala en su obra ‘The Official History of the Falklands Campaign Volume 2: War and Diplomacy‘ (compendio oficial de la versión británica del conflicto de las Malvinas, lo cual no debe interpretarse errónea y prejuiciosamente como una obra ‘dictada’ por el gobierno británico),  capítulo4: ‘THE TASK FORCE‘, páginas 57-62: ‘The nuclear complication’, lo siguiente:

Brilliant and Broadsword joined the Task Force each carrying two MC (600) nuclear depth charges, suitable for delivery by Lynx and Wasp helicopters. The two carriers were already carrying similar weapons. Also at sea were training rounds (which though empty carcasses appeared as accurate replicas of live rounds, and were intended for training in ground and flight handling and loading), and surveillance rounds, which were also inert and used to monitor the wear and tear on the weapons. These inert rounds were also held on three destroyers and three RFAs.

De manera que sí es cierto, según el autor, que hubo buques británicos con armas nucleares a bordo que se unieron a la Fuerza de Tareas enviada al teatro de operaciones cuando estalla la crisis de las Malvinas y Georgias del Sur. Se sabe entonces que al menos inicialmente sí hubo armas nucleares confirmadas a bordo de las dos fragatas Type 22 enviadas (HMS Broadsword y HMS Brilliant) y de los dos portaaviones (HMS Hermes y HMS Invincible). También se confirma la presencia original de munición inerte y/o de entrenamiento a bordo de otras unidades – los detalles sobre tipos y cantidades de armas serán discutidos más adelante.

Previamente, se hace necesario analizar las circunstancias de la presencia de este tipo de armas a bordo de las naves británicas al momento de la Operación ‘Corporate’ y de aquellas que habrían legitimado o condenado una acción militar que involucrase armas nucleares desplegadas por el Reino Unido en contra de su adversario Argentina, así como de la intención – si existió o no – del gobierno británico de considerar un escenario nuclear.

¿Era ‘lícito’ para el Reino Unido llevar en 1982 armas nucleares a bordo de buques de guerra al Atlántico Sur?

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Al menos parcialmente, como se desarrollará a continuación:

En 1967 se establece el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (más conocido como Tratado de Tlatelolco), el cual fijaba al continente sudamericano (que incluía a las islas Malvinas y sus dependencias) como zona libre de armas nucleares. Para que el tratado entrase en vigencia, todos los estados debían suscribirse y ratificar el mismo y lo propio, los estados extracontinentales con alguna presencia o responsabilidad en la zona (como sería el caso del Reino Unido y sus dependencias); Argentina había firmado el Tratado en 1967 pero no lo había ratificado; por el contrario, el Reino Unido lo había firmado – incluyendo los dos Protocolos Auxiliares requeridos para a) naciones extracontinentales con responsabilidad en la zona y b) naciones con capacidad bélica nuclear – y ratificado en 1969. De manera que para el Reino Unido, haber llevado armas nucleares a aguas territoriales continentales sudamericanas incluyendo las aguas alrededor de las dependencias británicas en el Atlántico Sur habría representado una violación al Tratado, de haber el mismo estado vigente:

Even taking nuclear weapons into the South Atlantic could appear as a violation of the Treaty of Tlatelolco (1967), which had established Latin America and surrounding waters (including the Falkland Islands and the Dependencies) as a nuclear weapons free zone. Strictly speaking there could be no violation because not all states had signed and ratified the Treaty, while extra-continental states with responsibilities for territories within the intended zone of application were required to signed and ratify Additional Protocol I, with nuclear weapon states also acceding to an Additional Protocol II. Argentina had signed the Treaty in 1967 and while it had publicly announced its intention to ratify it had not yet done so. The United Kingdom had signed both protocols in 1967 and ratified them in 1969. This meant that had the Treaty been in force, the presence of nuclear weapons or warheads or nuclear materials which were not for peaceful purposes and under International Atomic Energy Agency (IAEA) safeguards within the Falklands, their Dependencies, surrounding waters and air space was prohibited, but the prohibition did not apply to UK nuclear weapons elsewhere in the South Atlantic, including in Argentine territorial waters. The presence of a nuclear-powered warship in Falkland Islands territorial waters would not contravene the Treaty as it was so clearly unrelated to nuclear weapons. (FREEDMAN, Lawrence / THE OFFICIAL HISTORY OF THE FALKLANDS CAMPAIGN, VOL 2 -WAR AND DIPLOMACY / Cap. 4)

Argentina, sin embargo, no estaba protegida por las cláusulas del Tratado puesto que lo había firmado pero no ratificado (cuestión que recién se hace en 1994, más de 26 años después de que se establece el Tratado); por tanto, dado que el Reino Unido había no solo firmado sino ratificado el Tratado base incluyendo los Protocolos Adicionales I y II que también le tocaba firmar, no podía introducir armas nucleares a las aguas de sus dependencias en el Atlántico Sur (porque había firmado y ratificado un tratado que le impedía a ello) pero sí podía llevar material nuclear de uso ‘no pacífico’ a cualquier otra parte del Atlántico Sur incluyendo aguas territoriales argentinas (debido, como se ha mencionado, a que Argentina no había ratificado el Tratado y por tanto no estaba sujeta a sus beneficios).

De manera que en términos estrictamente técnicos, la presencia de armas nucleares en el Atlántico Sur, fuera de las aguas territoriales de las dependencias británicas en la zona, no tendría por qué haberse considerado una violación al Tratado de Tlatelolco, pues Argentina no estaba “cubierta” por los beneficios del mismo puesto que lo había firmado mas no ratificado. Más aún, el Reino Unido había firmado en 1978 un convenio en conjunto con todas las demás potencias nucleares mediante el cual se comprometía a “abstenerse de desplegar armas nucleares contra dichos estados (que incluía a países tanto nucleares como no-nucleares) excepto en caso de ataque al Reino Unido, sus dependencias territoriales, sus Fuerzas Armadas o sus aliados tales como un estado en asociasión o alianza con un país nuclear”. De manera que existía una restricción sobre el uso de armas nucleares que impedía que el Reino Unido usase armas nucleares contra otra potencia nuclear, salvo que el país mismo sufriese un ataque por parte de otro país. Sin embargo, esta restricción no aplicaba a Argentina, pues para ser considerada como “país no-nuclear”, tendría que haber firmado y ratificado o bien el Tratado de No Proliferación Nuclear o el Tratado de Tlatelolco y no había hecho ni lo uno ni lo otro; por tanto no se encontraba bajo la protección de este convenio y para el Reino Unido hubiera en todo caso sido lícito – bajo sus propios protocolos y reglas de combate (RoE) para el despliegue de armas nucleares – utilizar armas nucleares contra buques o territorio argentino siempre y cuando no fuese en territorio de las Malvinas o sus aguas territoriales (puesto que, por la primera cuestión y la firma y ratificación del Tratado de Tlatelolco y sus dos Protocolos Auxiliares por parte del Reino Unido, el mismo no podía ni llevar ni usar armas nucleares en sus dependencias territoriales en el Atlántico Sur):

A further factor was that Britain had issued a Negative Security Assurance in June 1978 in connection with the United Nations’ Special Session on Disarmament, which applied to non-nuclear weapon states The assurance involved an undertaking ‘not to use nuclear weapons against such states except in the case of attack on the UK, its dependent territories, its armed forces or its allies such a state in association or alliance with a nuclear weapons state.’ But to be considered a non-nuclear weapons state. Argentina would have had to have ratified either the nuclear non-proliferation treaty or the treaty of Tlatelolco and it had done neither, so in principle it was not protected by the Negative Security Assurance, and nuclear weapons could be used (subject to permissions of the law of armed conflict regarding proportionality, discrimination etc.) against Argentine vessels or territory provided the weapons used were not in the Falklands or territorial waters (FREEDMAN, Lawrence / THE OFFICIAL HISTORY OF THE FALKLANDS CAMPAIGN, VOL 2 -WAR AND DIPLOMACY / Cap. 4)

De manera que, aparentemente, no existían imposiciones del derecho internacional más que las propias restricciones en forma de protocolos de liberación de armas atómicas y reglas de combate de las Fuerzas Armadas británicas para el uso y despliegue poder nuclear contra buques argentinos y territorio continental argentino al momento del conflicto en el Atlántico Sur (puesto en términos más simples, si hubieran querido hacerlo, hubieran podido atacar a Argentina con armas atómicas – cargas de profundidad antisubmarinas, armas tácticas aerotransportadas o misiles balísticos contra objetivos estratégicos en suelo argentino – sin temor a represalias).

Ahora bien…

¿Significa esto que el gobierno británico, los planificadores militares británicos o los comandantes de campo británicos estaban dispuestos o siquiera habían considerado un escenario nuclear contra Argentina en la Guerra de las Malvinas?

Como se verá a continuación, la respuesta es inequívocamente no.

After the conflict there were suggestions that the nuclear option had been seriously considered, It was claimed in one report that it was raised in early internal studies, with one source quoted as saying that: ‘Certainly the nuclear option was one of the options studied on 2 April… part of the work done that day involved examining the possibility of retargeting Polaris against Argentina.’ When this report was first made public an official investigation could find no trace of such study. It probably was the ease that nuclear use appeared in a very early draft of the main options paper, only to be taken out almost immediately. I have found no references to any consideration of nuclear employment (FREEDMAN, Lawrence / THE OFFICIAL HISTORY OF THE FALKLANDS CAMPAIGN, VOL 2 -WAR AND DIPLOMACY / Cap. 4)

Como dice el autor, aquellas insinuaciones que afirman que el Reino Unido consideró la opción nuclear surgen a partir de referencias no confirmadas a reportes, nuevamente, no confirmados que lo mencionan. Así lo menciona el autor:

“When this report was first made public an official investigation could find no trace of such study.”

Es decir, hubo una investigación oficial que desestimó las acusaciones de que existían documentos que hablaban del uso de armas nucleares como una opción a tomar en cuenta ante la crisis de las Malvinas. Más aún, el autor afirma no haber encontrado referencias de ningún tipo al respecto de una “consideración de despliegue de armas nucleares”.

Un documento oficial del Ministry of Defence recientemente publicado titulado ‘Operation CORPORATE 1982 – The Carriage of nuclear weapons by the Task Group Assembled for the Falklands Campaign’ ofrece información contundente respecto del estado real de las armas nucleares a bordo de las naves británicas enviadas al teatro de operaciones de las Malvinas.  A modo de reforzar lo dicho previamente, es menester reproducir la respuesta del entonces Secretary of State for Foreign and Commonwealth Affairs (Secretario de Estado para Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad) Douglas Hurd, interpelado por el Parlamento el 19 de julio de 1982 sobre en qué área del Atlántico Sur el Reino Unido estaba impedido de desplegar armas nucleares de acuerdo a lo estipulado en el Tratado de Tlatelolco y si estaba consciente de alguna violación cometida contra dicho Tratado.  Hurd responde lo siguiente:

By ratification of Additional Protocol I of the Treaty of Tlatelolco, the United Kingdom has undertaken not to deploy nuclear weapons in territories, including their surrounding territorial waters and airspace, for which it is de jure or de facto internationally responsible, and which lie within the geographical zone established in the Treaty. This covers the Falkland Islands and the Falkland Islands dependencies. The Treaty is not in force in the south Atlantic outside these territorial limits because there are countries in the area to which the treaty applies which have not ratified it. I am aware of no infractions of the treaty. (UK MoD / Operation CORPORATE 1982 – The Carriage of nuclear weapons by the Task Group Assembled for the Falklands Campaign)

Es decir: la política oficial del Reino Unido en ese momento fue la de no desplegar armas nucleares en territorios (incluyendo su espacio aéreo y aguas jurisdiccionales) ‘de los cuales sea por derecho o por hecho se hace intencionalmente responsable’. De manera que el despliegue de armas nucleares al teatro de operaciones, de acuerdo a la interpretación oficial del Tratado, era inconcebible para el gobierno británico de la época.

Más aun, a pesar de que era política oficial del gobierno “ni confirmar ni negar” los rumores que pudieran surgir sobre la presencia de armas nucleares en la zona de operaciones (rumores que tarde o temprano tendrían que surgir puesto que era práctica estándar que los buques británicos estuviesen armados con armas nucleares durante la Guerra Fría), el 27 de abril 1982 el gobierno británico en su Reporte Oficial ante la Cámara de los Lores del Parlamento, dejó en claro su política respecto al despliegue de armas nucleares:

“there is no question at all of our using nuclear weapons in this dispute”

Es cierto, sin embargo, que buques británicos se unieron a la Task Force con sus arsenales nucleares aún a bordo y navegaron hacia el Atlántico Sur con armas nucleares, mas estas fueron removidas durante el trayecto como se verá más adelante, en parte por la necesidad de retirar los arsenales sin comprometer su capacidad operativa y su rapidez de despliegue a la zona de combate.

Las armas nucleares y el ‘silencio’ británico

Aún hoy a 28 años del cese de hostilidades, fuentes de cuestionable credibilidad persisten en afirmar que existe una política de ‘silencio’ o secretismo por parte del gobierno y del Ministerio de Defensa del Reino Unido en torno a la liberación de información sensible concerniente (sobre todo, pero no limitado a) a las pérdidas sufridas por el bando británico en 1982 y que la ‘verdad oficial’ saldrá a la luz en 2072 cuando prescriban las restricciones que, según se afirma, pesan sobre documentos clasificados hasta el día de hoy. Lo cierto es que dichas restricciones fueron anuladas por la Freedom of Information Act de 2000;  muchos documentos e información otrora ‘clasificados’ – incluyendo reportes completos de Board of Inquiries sobre pérdidas de naves de guerra, entre otros – se encuentran a libre disponibilidad del público  en Internet (se recomienda revisar la página oficial del MoD, la de la Fundación Margaret Thatcher y demás recursos en línea). Uno de estos supuestos ‘secretos’ todavía por desclasificar consistiría en la confirmación de la presencia de armas nucleares a bordo de los buques de la Royal Navy que hoy yacen en el fondo del mar, aquellos que sucumbieron ante la  artillería desplegada en dichos casos con éxito por la aviación militar argentina.

Fuentes apócrifas aseguran que naves como el destructor ‘Sheffield’ (mostrado aquí, alcanzado por un misil Exocet el 4 de mayo) se hundieron con armas nucleares a bordo

Fuentes bibliográficas serias y documentos oficiales del MoD demuestran que ninguno de los buques atacados en las Malvinas llevaba armas nucleares y menos, se fueron a pique con ellas. Estos rumores surgieron como parte de la campaña de desinformación llevada a cabo por la Unión Soviética en base a especulaciones, frecuentemente sazonadas con inventos de cosecha propia. En el caso del Sheffield, por ejemplo, se dijo que el buque se hundió con armas nucleares y que buzos de la Royal Navy descendieron a recuperarlas (información que incluso fue reportada por medios periodísticos británicos). Lo primero es simplemente falso dado que el Sheffield nunca llevó armas nucleares – salvo surveillance rounds, es decir, réplicas de las armas verdaderas diseñadas para monitorear niveles de desgaste y daño de las unidades al ser almacenadas en sus contenedores y manipuladas como parte del entrenamiento de las tripulaciones – y lo segundo, menos, pues tal como relata Sir Lawrence Freedman, el Sheffield se hundió a una profundidad considerable más allá del rango de inmersión:

After the sinking of the Type 42 destroyer Sheffield there was some speculation encouraged by the Soviet Union that the ship had been carrying nuclear weapons and indeed had been scuttled deliberately to prevent radioactive contamination. Allegations were also made that nuclear depth charges had to be recovered from the sunk Coventry as well as Sheffield’s. Officials in the Soviet embassy in Buenos Aires were reported to have spread this canard, with the appearance of a number of dead penguins being cited as evidence of the spread of nuclear contamination. Sheffield’s surveillance round had in fact been removed in mid-April and Coventry’s before the San Carlos landing. The diving activity noted around the wreck of the Coventry, which encouraged speculation, was the result of its accessibility and the consequent need to remove classified equipment. Sheffield sank at a depth well beyond diving range (FREEDMAN, Lawrence / THE OFFICIAL HISTORY OF THE FALKLANDS CAMPAIGN, VOL 2 -WAR AND DIPLOMACY / Cap. 4)

De manera que ello habría surgido a partir de rumores infundados ‘sembrados’ por la Unión Soviética – que no habría tenido, en cualquier caso, manera de asegurar si el buque en cuestión llevaba o no armas nucleares a bordo – y por tanto, carentes de valor.

De sabe que dichos buques hundidos no llevaban armas nucleares porque existen registros de las dotaciones de armas a bordo de los buques y los traslados a otros barcos a fin de evitar que ingresaran a la Zona de Exclusión. Según el reporte del MoD, el gobierno estaba al tanto de que algunos buques llevaban armas nucleares de la familia de armas tácticas WE.177 (también conocidas como 600 MC) así como ejemplares de entrenamiento (training/surveillance) que no poseen material nuclear de ninguna clase.

El problema de los arsenales nucleares a bordo de las naves de la Task Force

A comienzos de abril, el gobierno le solicita al Ministry of Defence una evaluación de las opciones existentes a fin de retirar los arsenales nucleares de los buques. Si los arsenales iban a ser removidos, la primera etapa logica para hacerlo era la isla Ascension; eventualmente por cuestiones operacionales se decidió no remover las armas inmediatamente sino concentrarse primero en naves con accesos complicados a las santabárbaras que alojaban las armas nucleares. Las opciones eran las siguientes:

La primera involucraba el traspaso de buque a buque de los canisters que contenían las armas nucleares mediante una línea o cabo pesado tendido entre las 2 naves en altamar. Ello es posible con los buques en movimiento como si se tratase de una transferencia normal de pertrechos o armamento; sin embargo, en Ascension, con las naves fondeadas, la única forma de hacerlo era vía helicóptero o los lanchones de desembarco (LTC) del HMS Fearless. Esta última opción fue descartada dado que el oleaje dificultaría la tarea y porque no existían instalaciones apropiadas en tierra para almacenar las armas. Entonces la única opción que quedaba era trasladarlas a otros buques y llevarlas de vuelta al Reino Unido.

Para llevarlas en helicóptero había dos formas: la primera era instalando la unidad en los soportes de armas como si se tratara de un despliegue normal pero sin cerrar la circuitería para poder dispararla, que incluiría en cualquier caso la interfaz con el comando de consentimiento de a bordo del helicóptero que requiere de 2 individuos para operar y soltar el arma (simplemente cargando el arma en el hardpoint) pero esto presentaba problemas, primero por el tiempo que tomaría la maniobra – además de que ello constituiría una operación muy poco discreta – y porque si un helicóptero se fuese a estrellar, se corría el riesgo de un accidente, bien fuera un escape de radiación o una detonación de la carga explosiva. El segundo método consistía simplemente en llevar los contenedores como carga externa con aparejos.

Las armas llevadas por las naves británicas correspondían a ejemplares de la carga de profundidad nuclear (NDB, o ‘Nuclear Depth Bomb’) WE.177A de 282 kg (620 lb) destinadas al rol antisubmarino (ASW) contra naves soviéticas. En la imagen se ve un ejemplar de entrenamiento montado en un helicóptero Westland Wasp

Las santabárbaras más vulnerables ante un ataque se determinó eran las de las Type 22 (Batch I, las de series posteriores son diferentes) por lo cual se determinó que esas eran las que debían removerse primero. Se consideraba que las armas almacenadas en los portaaviones Hermes e Invincible, protegidas por el casco bajo la línea de flotación, presentaban ‘riesgo mínimo’ ante un ataque con Exocet y ‘moderado’ ante uno con un torpedo. Algunos buques de la RFA (Royal Fleet Auxiliary) tenían pañoles para armas nucleares especiales y podían alojar estas cargas con riesgos calculados similares a los presentados por los portaaviones. Se recomendó entonces que las armas de las fragatas fuesen transportadas a los portaaviones y buques de apoyo de la RFA en altamar; este procedimiento además garantizaría discreción a la maniobra.

Sin embargo, mover las armas a los buques de la RFA tampoco contribuiría de manera eficiente a la seguridad, sobre todo porque lo lógico esperable era que la aviación argentina considerase a estos navíos – de suministros y apoyo – como blancos primordiales, a menos que estos buques se mantuviesen alejados de la zona de combate, lo cual era inaceptable pues su importancia para las operaciones era crucial y mantenerlos alejados habría tenido un impacto negativo en las operaciones de repostaje, desembarco y apoyo como portahelicópteros. Existía el problema adicional de que en ese momento no existían otros navíos de ese tipo – aparte del RFA Resource y el RFA Fort Austin – en la zona que estuviesen disponibles dado el intinerario de la operación.

El tema de sacar las armas de los buques y llevarlas a Ascension se consideró siempre y cuando se mantuviera un flujo de armas que salieran de los buques para ser enviadas de vuelta al Reino Unido, pues la base de la isla, al no contar con almacenes apropiados para albergar armas nucleares, suponía riesgos de seguridad. Sin embargo como ya se ha mencionado, se habría de tratar de una operación poco discreta (existía el peligro de que terceros estuviesen prestos a atestigüar las maniobras de remoción de las armas nucleares, determinar la cantidad de armas que saldrían de qué buque, etc. constituyendo en general una situación potencial para que ojos ‘poco amistosos –  los organismos de espionaje soviéticos, etc. – recabasen información de inteligencia al respecto).

La principal consideración para oponerse a la remoción total y simultánea de los arsenales era, como ya se ha comentado, el tiempo que tal operación demora y su impacto en la operatividad de los buques. Sacar las armas por helicóptero y llevarlas a Ascension sin dudas entraría en conflicto con el intinerario de reabastecimiento planeado para cada buque el cual tenía que llegar, aprovisionarse y salir de ahí en máximo 24 horas. El Comandante en Jefe de la Flota – CINCFLEET – Almirante Sir John Fieldhouse, determinó que las operaciones de descarga de armas nucleares implicaría una demora de 36 horas adicionales lo cual era inaceptable porque las naves británicas debían arribar cuanto antes a la zona de operaciones a fin de evitar mayor preparación de las defensas argentinas apostadas en las islas. Se propuso realizar las operaciones de desembarco de noche pero ello se descartó por los riesgos inherentes al respecto.

Existían otras consideraciones que se tomaron en cuenta, tales como por ejemplo que si algún buque británico fuese a ingresar a aguas territoriales alrededor de las islas Malvinas y Georgias con armas nucleares a bordo – lo cual representaría una violación a las cláusulas del Tratado de Tlatelolco – se pudiese evitar su arribo sin comprometer las operaciones de combate. Asimismo, era de esperar que se especulara sobre la presencia de armas nucleares en los buques (después de todo como ya he dicho, ello era práctica estándar durante la Guerra Fría); sin embargo, aunque la política oficial en esos casos era la de “ni confirmar ni negar” la presencia de dichas armas (algo que también era común por parte de las potencias nucleares en la época), queda claro por lo señalado previamente que la política del gobierno británico desde un inicio fue a) no transportar armas nucleares a la zona de conflicto y b) no utilizarlas contra objetivos militares argentinos, bien fuesen navales u objetivos en suelo continental.

Otras consideraciones que pesaron a la hora de decidir remover los arsenales de los buques fueron a) la posibilidad de que las armas nucleares pudiesen recibir daños productos del fuego enemigo (en cuyo caso tendría que confrontarse la posibilidad de problemas de contaminación radiactiva o de la detonación de las cargas explosivas convencionales de dichas armas) y b) la posibilidad de que algunas de estas armas cayesen en poder de los argentinos. Asimismo, siendo los portaaviones las unidades que custodiaban la mayor parte de los arsenales nucleares, perderlos habría significado un verdadero desastre para el poderío nuclear británico pues las naves Hermes e Invincible llevaban a bordo aproximadamente el 25 y 40% (respectivamente) de todo el arsenal de cargas de profundidad nucleares del Reino Unido.

Movimientos de cargas nucleares y destino de dichas armas

Se concluyó finalmente que retirar los arsenales nucleares de los buques en Ascension era lesivo para las operaciones (los buques debían reaprovisionarse cuanto antes y llegar al Atlántico Sur y remover las armas hubiera consumido mucho más tiempo) y potencialmente perjudicial para la seguridad nacional (espionaje soviético en la zona, etc.). Por tanto se ordenó trasladar los arsenales de las fragatas Type 22 (HMS Broadsword y HMS Brilliant) que eran los más ‘críticos’ a los buques más grandes y seguros para guardar las armas atómicas (HMS Hermes, HMS Invincible, RFA Fort Austin y RFA Resource) con el método descrito líneas arriba de mover los contenedores de buque a buque usando un cabo o línea pesada.

Las armas nucleares fueron finalmente removidas de los buques de la Task Force y retornadas al Reino Unido a bordo de los buques RFA Fort Austin y RFA Resource el 29 de junio y 20 de julio, respectivamente); los movimientos efectuados en ruta entre abril, mayo y junio incluyeron las armas nucleares propiamente tales (que fueron las primeras que se sacaron de manera que ninguna ingresase en aguas territoriales de las Malvinas o las dependencias británicas del Atlántico Sur en pleno respeto a lo estipulado por el Tratado de Tlatelolco) así como los ejemplares de entrenamiento y las surveillance rounds, que no contienen material nuclear de ningún tipo.

Ningún buque británico fue hundido llevando armas nucleares, ni armas tácticas ni versiones de entrenamiento; los destructores Type 42 HMS Sheffield y HMS Coventry se hundieron sin sus surveillance rounds (no nucleares) – de las cuales originalmente había una en cada buque – pues estas fueron removidas el 16 de abril en el caso del Sheffield y el 17 de abril en el caso del Coventry.

El único buque británico alcanzado por fuego argentino llevando algo siquiera parecido a un ‘arma nuclear’ fue la fragata HMS Brilliant el 21 de mayo, la cual llevaba un ejemplar de entrenamiento al momento de ser atacada (que, nuevamente, no incorpora material nuclear de ningún tipo por lo cual no puede considerarse un ‘arma nuclear’).

Tabla que muestra los movimientos conocidos de armas nucleares entre los buques de la Task Force; el número “600” hace referencia al nombre con el que se le conocía a las armas tácticas WE.177A (Bomb Aircraft HE – High-Explosive – 600lb MC – Medium Capacity). “T” significa ‘training round’ mientras que “S”, ‘surveillance round’

Conclusiones finales

Luego del presente análisis, es seguro concluir lo siguiente:

1) El Reino Unido tenía la facultad de llevar y desplegar armas nucleares en contra de Argentina de haber sido esa su decisión (siempre y cuando dichas armas no llegasen a aguas territoriales o suelo de las dependencias británicas en el Atlántico Sur pues el Reino Unido, a diferencia de Argentina, sí había firmado y ratificado el Tratado de Tlatelolco que le impedía a ello) solamente sujeto a sus propios protocolos y procedimientos para usarlas, mas desde un principio tanto el gobierno británico como los planificadores militares como los comandos operacionales en el teatro de operaciones dejaron en claro que la “opción” nuclear no iba a ser ninguna opción y actuaron de acuerdo a ello para evitar el ingreso de armas nucleares al teatro de operaciones.

2) Constituía en interés del gobierno británico en los ámbitos político, diplomático y estratégico evitar el ingreso de armas nucleares a la Zona de Exclusión Total, razón por la cual se implementaron esfuerzos para remover dichas armas de los buques que las portaban, movimientos que, por tratarse de pertrechos sensibles como lo son las armas nucleares, están debidamente registrados y consignados de manera que pueden ser rastreados y verificados (la pérdida de un arma nuclear ciertamente aparecería en algún tipo de reporte oficial).

3) Ningún buque británico fue atacado con armas nucleares a bordo y cualquier alusión a la presencia de armas nucleares en la zona con fines ofensivos es producto de cotilleos, desinformación o mala fe. Ningún buque británico se hundió con armas nucleares; no hay armas nucleares en el fondo del Atlántico Sur, no hay riesgos radiológicos o de contaminación ambiental producto de daño a un arma atómica hundida durante un ataque y nunca hubo operaciones de rescate para recuperar arsenales hundidos.

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